Imprimiendo democracia en 3D

Publicado por NCCExtremadura en

Habilidad, inteligencia, destreza, audacia. Todos estamos de acuerdo en que estos son algunos de los pilares básicos sobre los que cualquier emprendedor hunde sus raíces. Nada extraordinario, y que no conozcamos ya, si tenemos en cuenta la riada de libros, manuales, herramientas de coaching, proyectos de apoyo y demás asesoramientos que están a disposición de quienes desean hacer realidad un sueño.

Si a continuación les decimos que gracias a un financiero, un cajista y un orfebre espabilado diseñaron un invento que puso patas arriba la historia de la cultura y del conocimiento para toda la humanidad…, ¿sabrían de qué estamos hablando?
Sin ella nada de lo que conocemos hoy hubiese sido posible. Sin la lectura y su totémica herramienta -el libro- enseñar, aprender, imaginar, teorizar, errar y refutar, equivocarse y acertar hubiese sido imposible o, al menos , más difícil y más tarde.

Efectivamente: hablamos de la imprenta. Y a la cabeza de la misma a Johannes Gensfleisch zur Laden zur Gutenberg, más conocido en círculos amistosos como Gutenberg. El invento de este vecino de Maguncia está entre los más importantes de la historia de la humanidad, y es el que ha contribuido a transformar más, mejor y de forma más hermosa el mundo. Gracias a él se difundió, agrandó y potenció la expansión del conocimiento.

Este impresor, y su equipo, hubieron de invertir algo más de dos años para poder imprimir 180 ejemplares de la Biblia, su primer creación. Un ritmo nada desdeñable para la época, en la que un amanuense hubiese necesitado tres años para producir un único ejemplar.

Podemos considerar a este texto sagrado, salido de una de las más prodigiosa máquinas creadas por una persona -con permiso del cohete Saturno V que llevó al hombre a la Luna- como el primer artículo producido en cadena de la historia. ¡Y qué artículo!: la Biblia conocida como de 42 líneas -por el número de renglones a dos columnas que componían las 1.286 páginas más bellas de cuantos libros se han editado- ocupaba dos volúmenes. Se tardó alrededor de tres años en imprimirla y se cree que se emplearon cuatro prensas funcionando simultáneamente, seis tipógrafos y una docena de prenseros. Se conservan 49 ejemplares íntegros de aquellas primeras biblias, de los cuales 12 completos e intactos, en papel, y 4 en vitela -piel de becerros nacidos muertos o recién nacidos-.

579 años después de esta revolución cultural en forma de libro, una docena de estudiantes habilidosos, inteligentes, diestros, audaces…y, sobre todo, comprometidos han sido capaces de poner en marcha la reedición de la imprenta de Gutenberg en versión tecnológica. Su anhelo no está ya en difundir y acelerar el conocimiento sino en el de compartir los resultados de sus empeños y trasladarlos a campos que abarcan desde la industria y la medicina. Printeria, que así es como se llama su invento basado en la impresión 3D, es capaz de, entre otras cosas, crear bacterias, contribuir a la limpieza de ecosistemas o acabar con los plásticos de los océanos engulliéndolos de forma literal. Pero también ayuda a crear materiales para la industria textil, imprimir bacterias para bioarte o crear olores y sabores. Por cierto, que científicos de la Universidad de Extremadura han sido capaces de demostrar el mecanismo que permite captar e identificar olores y transmitirlos vía wifi a un display olfativo o dispositivo que reproduce y genera en la ubicación de destino los compuestos aromáticos… Pero de esta historia hablaremos otro día…estén atentos.

La impresión 3D se convierte, con proyectos como Printeria, en lo mejor de la tecnología al servicio de la humanidad… y no exageramos. El tiempo otorgará la razón a todos aquellos que piensan que los algoritmos, el software y las máquinas harán lo (im)posible para que podamos ser mejores en infinidad de aspectos y siempre que, eso sí, seamos capaces de tener el interés general muy por encima de cualquier otro interés particular que desvirtúe nuestros anhelos, como los de estos 12 jóvenes de Printeria que quieren materializarlos.

Y, sí, en efecto. Es la industria la que debe dar un paso adelante para que todo sea más fácil, más rápido y más efectivo. Desde su punto de vista, porque generará beneficios e intereses económicos a las empresas -algo que no debe sorprender desde que nos lo contó bien claro Adam Smith en su colosal La riqueza de las naciones -; desde nuestra perspectiva, porque hará realidad incluso lo que hoy está vetado a nuestra imaginación, no por inalcanzable sino por desconocido, aunque posible.

Pero también es la hora de los poderes públicos que, además de hacer que la democracia funcione cada día, a partir de ahora se preocupen de que pueda imprimirse también.

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